Edmund Burke político y escritor irlandés alguna vez dijo:
“La sociedad humana constituye una asociación de las ciencias, las artes, las virtudes y las perfecciones. Como los fines de la misma no pueden ser alcanzados en muchas generaciones, en esta asociación participan no sólo los vivos, sino también los que han muerto y los que están por nacer”.
stas palabras hacen eco en quienes constituimos este grupo, colectivo o asociación pues sentimos que revelan un enorme sentimiento de trascendencia. Somos el resumen del acervo científico y cultural de todas las generaciones de humanos que han habitado este planeta antes que nosotros. Constituimos el producto de esas virtudes y perfecciones pero también el de los defectos y los fracasos de nuestros ancestros. Conformamos la esperanza presente de la humanidad que se convertirá en el siguiente peldaño en la construcción de la sociedad de aquellos que están por nacer. Sin embargo cabe preguntarse si estamos cumpliendo con nuestra parte.
¿Realmente estamos construyendo la parte del edificio que nos corresponde?, ¿Estamos conscientes del enorme compromiso que implica el haber nacido en este mundo y formar parte de algo más grande?. Citando a Amado Nervo: “El cuerpo no es más que un medio de volverse temporalmente visible. Todo nacimiento es una aparición”. Si hacemos un recuento de nuestra más reciente aparición estamos satisfechos con la aportación que hemos realizado para el proyecto humano. Habemos quienes pensamos que, siguiendo la reflexión de Edmund Burke, necesitamos muchas apariciones para aportar lo que más podamos. Sentimos la necesidad de nacer constantemente y de muy diversas formas para dejar nuestras huellas en la ciencia, en el arte, la cultura. Experimentamos el gozo no sólo de estar vivos si no de reinventarnos cada vez que los giros de nuestras historias lo permiten. Nacer también puede significar tener propensión natural hacia algo o estar destinado para un fin. En N.A.C.E.R. tenemos propensión natural a originarnos constantemente y estamos destinados para tantos fines como orígenes tengamos.
La consigna en cada aparición siempre es: “Gozar con el corazón”, pues “Un instante de gozo del corazón vale más que dos horas de placer con los sentidos” (August von Kotzebue).
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